domingo, 13 de mayo de 2012

Edwen La Taberna



Se sentía sólo, sabía que no podía volver  atrás a la calidez de aquella casa que en su día fue su hogar. El vaivén del caballo le mecía entonces. La luz empezaba menguar y todo se quedó sumido en la oscuridad.
No era una noche fría, ni mucho menos, el calor sofocante de aquella jornada se volvía agradable, podía haber dormido a ras de suelo pero prefería un mullido colchón en el que recuperarse del viaje y donde le sirvieran la comida caliente. Un hostal de camino apareció a su encuentro cuando se encontraba sumido en sus sueños de comida caliente y de una guapa camarera que le sirviera una fría cerveza de mora, la mejor de la comarca. El hostal más parecía una choza mal cuidada que una posada, dos pilares de madera podrida sujetaban la entrada y una puerta casi caída evitaba la entrada indeseada de malhechores, su aspecto ruinoso seguramente, no habría atraído a ningún visitante en años y su nombre tampoco llamaba demasiado la atención “Posada Laguna Seca”. La decisión era fácil, entrar o quedarse fuera donde sería devorado por los mosquitos. Evidentemente eligió la primera llevó a Crais (su caballo) a la caballeriza. Y habiéndolo dejado se adentró en La Posada Laguna Seca y miró a su rededor y encontró sólo mesas vacías y sillas por los suelos, juró haber pensado que el sitio estaba abandonado, de no ser por el halo de luz que colaba por debajo de la puerta de la barra.
 Me dirigió un gesto ceñudo y sacó una jarra llena de polvo y una botella de cerveza en el mismo estado. A continuación vertió el contenido de la botella en mi jarra y puso una gran llave de metal encima de la mesa, a lo que comprendí que esa sería la llave de mi habitación. 
_No sabía que a los niños de mamá les gustaba merodear por estas tierras_ ironizó el tabernero.
_Pues si fuera un niño de mamá le aseguro que no me quedaría en esta cochambrosa taberna_ puntualizó Edwen.
_No quiero discutir contigo, además eres mi primer cliente del mes _añadió cambiando el gesto a un tono más amable_ No suelo estar de demasiado buen humor y los que se hospedan de vez en cuando en la Taberna no son sólo sino malhechores y ladrones de poca monda _concluyó.
_Mi nombre es Edwen _se presentó_ vengo de la capital de Carcuss; Riamir no pretendo quedarme mucho tiempo por estas zonas estoy de camino al sur, Luminor es mi destino.
_Vaya, no sabía que te encontrabas envuelto en tan grande empresa.
Estuvimos hablando durante largo rato, ese hombre con la cara rasgada había luchado en más batallas de las que yo nunca había escuchado. Al preguntarle por su herida en la cara, su semblante se ensombreció y su voz adquirió un tono grave y solemne.
_Esta herida fue el precio que tuve que pagar por una batalla mal ganada, ¿has oído hablar de la batalla del Syrimus?_preguntó
_No _mentí si había escuchado tantas veces la historia de esa batalla, es más allí fue donde murió su padre; estaba ansioso por saber más y descubrir quien era en verdad su padre.
<<Fue una batalla mal iniciada, contábamos con tres mil hombres y a nuestras filas se unieron los enanos que contaban con un ejercito no tan numeroso pero más potente incluso, unos mil enanos engrosaron nuestras filas, su forma de luchar me fascina; son fieros en la lucha pero no dejan a ningún compañero atrás  todo lo contrario que los elfos del Norte desmerecedores de cualquier mérito de guerra, solicitamos su ayuda para esta gesta y recibimos un no por respuesta, si se nos hubieran unido no habría pasado lo que pasó _su mirada se entristeció no parecía que hubiese comentado muchas veces esa historia_ Éramos unos cuatro mil hombres y nos enfrentábamos a unos seis mil rebeldes, Gigantes y Sairons (caballeros doctos en las artes oscuras que manejan a las criaturas del infierno, gigantes del infra-mundo, Salamandras de fuego…) En aquellos momentos recé por mi vida. Muy pocos salieron con vida de aquella masacre, y entre ellos yo>>
Después de aquella historia nos quedamos en silencio durante largo rato, Edwen se quedó mirando el baile que las llamas hacían en la chimenea y que proyectaban extrañas sombras en la estancia, el crepitar parecía intentar llamar nuestra atención.
La jarra de cerveza estaba vacía, el no dormir en días le estaba pasando factura. Edwen pensó en subir y tirarse en la cama pero Reik se dio cuenta de sus intenciones y le llenó la jarra, con así que la charla continuase por lo menos hasta que estuviese vacía.
Hablamos durante horas, de todos los temas; política, mujeres, países extraños… La Luna estaba muy alta en el cielo cuando nos interrumpió una llamada a la puerta, a Reik los efectos del alcohol se le disiparon de inmediato, empuñó su espada y se dirigió a la puerta.
El chirriar de aceros oxidados y de madera envejecida indicó que la puerta estaba abierta tras ella un misterioso ser con una larga capa oscura que le tapaba la cara y no dejaba entrever ningún rasgo. Entonces el ser dio un paso adelante y las lámparas de aceite que iluminaban la estancia junto a la chimenea descubrieron el rostro que se encontraba tras aquel velo de oscuridad, los rasgos finos y perfectos, la nariz en completa sincronía, y unos penetrantes ojos azules eléctricos que parecían taladrar todo aquello que mirase les llevaban a una sola idea el ser misterioso era un elfo, pero no uno cualquiera sus ojos delataban que provenía del Norte. Edwen contempló la mirada cautelosa de Reik y midió sus pasos, sabía el odio que tenía el viejo camarero hacia los Elfos del Norte.
_Mi nombre es Sermess, hijo de Alyria y Nadyss, provengo de las Llanuras Altas, mucho más al norte que cualquier lugar donde halláis estado los humanos _se presentó confirmando mis sospechas.
_Y que hace un miserable elfo del Norte en estas tierras _saltó Reik.
_Lamentablemente, debido a la muerte _contestó.
_Ahhhh, la muerte una odiosa compañía que quisisteis tener cuando los humanos y enanos combatimos en el valle de Syrimus. Vuestra queridísima reina Seyra no nos dio la ayuda necesaria y por ello aquello fue una masacre.
_Tu odio es completamente entendible, pero los elfos somos cautos y no queríamos entrar en una batalla perdida de antemano…
_ ¡¿Perdida?! _interrumpió Reik_  lo único que fue perdido en esa guerra fueron las vidas de mis compañeros _añadió.
_ Fue un gran error, pero es tarde para enmendarlo, además nuestra reina Seyra murió a manos de los rebeldes en un ataque sorpresa hace dos semanas _Reik bufó sarcásticamente.
_Y ahora venís a suplicarnos perdón y que os protejamos de nuevo.
_ Sólo quería avisaros, los ejércitos rebeldes bajo los mandos de los Sairons han empezado la conquista que hace sesenta años comenzaron y que fue estrepitosamente fallida ha sido retomada, nuestra ciudad ha sido destruida junto a palacio, los supervivientes del ataque hemos huido al Bosque del Lago Helado y nos hemos refugiado, yo soy el mensajero _terminó tocándose el pecho confirmando lo que decía.
_Nunca más os ayudaremos _temía que Reik se abalanzase sobre el mensajero, tenía sus años pero mantenía extraordinariamente bien su forma física.
_ Tu odio es más intenso de lo que pensaba.

Desenvainó su espada, pero el elfo era mucho mas rápido, apuntó con su daga a su garganta. En menos de dos milésimas Reik había sido desarmado, el elfo les sonreía irónicamente. Pero Reik no miraba las incitaciones del elfo, sólo tenía ojos para la daga, tres centímetros más es su garganta y estaría muerto.
Edwen no podía hacer nada.
Si le ataco lo matará pero si no hago nada por él también lo hará”_pensó Edwen.

_ Baja el arma Sarmess _imperé su mirada se clavaba en aquellos ojos de hielo.
_ ¿Que me harás? Si no hago lo que me ordenas _replicó su sonrisa se volvía más drástica y malévola.
_ Te mataré _amenazó.
Retiró la daga del cuello, suspiró pensando que aquello había terminado en palabras, pero el elfo se dirigía hacia Edwen, no pudo hacer nada, le cogió de las ropas y le levantó en el aire, no parecía que el elfo tendría tanta fuerza pero esa es otra de sus características.
_ Se cuál es el propósito de tu camino _a merced de sus manos no podía hacer más que asentir_ Nunca, nunca amenaces a un elfo. ¡Nunca! _su gritó de rabia atravesó sus oidos el elfo lo cogió como si fuese un muñeco de trapo y lo estampó contra la pared.
Todo se quedó oscuro.
“Me tengo que mover _pensé, intenté mover las manos pero no pude_ sólo coger la llave, un esfuerzo más y la conseguiría”
De repente todo se volvió blanco, pensé que había muerto. Pero no, un sopló de aire caliente recorrió su cuerpo por dentro, pasando por sus arterias, sus dedos, su corazón.
Abrió los ojos.
Estaba confuso no sabía donde estaba, entonces recordó las últimas palabras del elfo y el golpe, se quiso levantar pero un profundo dolor le recorrió la espalda. Se quedó allí durante largo rato, no supo cuanto.
Se durmió.
Cuando se despertó todo estaba oscuro entonces intuyó que la chimenea se había apagado. Amagó levantarse, no le dolió la espalda. Se incorporó, la habitación estaba oscura, en la chimenea unas inapreciables brasas todavía estaban calientes. Sus ojos rápidamente se adaptaron a la oscuridad, notó un bulto en el suelo cerca de dónde se había desmayado él, temeroso se acercó.
Estaba muerto.
Salió fuera, no podía soportar la idea de que Reik hubiera muerto por su culpa, y menos seguir mirando el rostro de terror de aquel desconfiado pero amable hombre, un rostro con la marca de la muerte.
Se armó de valor, entró cogió el cuerpo muerto de Reik y lo sacó fuera. Lo dejó escondido bajó unos matorrales, ensilló su caballo y se marchó de aquel lugar, no miró atrás en ningún momento, tenía miedo, se sentía ahora mucho más sólo, y sin un lugar a donde ir.

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