Se sentía
sólo, sabía que no podía volver atrás a la calidez de aquella casa que en
su día fue su hogar. El vaivén del caballo le mecía entonces. La luz empezaba
menguar y todo se quedó sumido en la oscuridad.
No era una
noche fría, ni mucho menos, el calor sofocante de aquella jornada se volvía
agradable, podía haber dormido a ras de suelo pero prefería un mullido colchón
en el que recuperarse del viaje y donde le sirvieran la comida caliente. Un
hostal de camino apareció a su encuentro cuando se encontraba sumido en sus
sueños de comida caliente y de una guapa camarera que le sirviera una fría
cerveza de mora, la mejor de la comarca. El hostal más parecía una choza mal
cuidada que una posada, dos pilares de madera podrida sujetaban la entrada y
una puerta casi caída evitaba la entrada indeseada de malhechores, su aspecto
ruinoso seguramente, no habría atraído a ningún visitante en años y su nombre
tampoco llamaba demasiado la atención “Posada Laguna Seca”. La decisión era
fácil, entrar o quedarse fuera donde sería devorado por los mosquitos.
Evidentemente eligió la primera llevó a Crais (su caballo) a la caballeriza. Y
habiéndolo dejado se adentró en La
Posada Laguna Seca y miró a su rededor y encontró sólo mesas
vacías y sillas por los suelos, juró haber pensado que el sitio estaba
abandonado, de no ser por el halo de luz que colaba por debajo de la puerta de
la barra.
Me dirigió un gesto ceñudo y sacó una
jarra llena de polvo y una botella de cerveza en el mismo estado.
A continuación vertió el contenido de la botella en mi jarra y puso
una gran llave de metal encima de la mesa, a lo que comprendí que esa sería la
llave de mi habitación.
_No sabía que
a los niños de mamá les gustaba merodear por estas tierras_ ironizó el
tabernero.
_Pues si fuera
un niño de mamá le aseguro que no me quedaría en esta cochambrosa taberna_
puntualizó Edwen.
_No quiero
discutir contigo, además eres mi primer cliente del mes _añadió cambiando el
gesto a un tono más amable_ No suelo estar de demasiado buen humor y los que se
hospedan de vez en cuando en la
Taberna no son sólo sino malhechores y ladrones de poca monda
_concluyó.
_Mi nombre es
Edwen _se presentó_ vengo de la capital de Carcuss; Riamir no pretendo quedarme
mucho tiempo por estas zonas estoy de camino al sur, Luminor es mi destino.
_Vaya, no
sabía que te encontrabas envuelto en tan grande empresa.
Estuvimos
hablando durante largo rato, ese hombre con la cara rasgada había luchado en
más batallas de las que yo nunca había escuchado. Al preguntarle por su herida
en la cara, su semblante se ensombreció y su voz adquirió un tono grave y
solemne.
_Esta herida
fue el precio que tuve que pagar por una batalla mal ganada, ¿has oído hablar
de la batalla del Syrimus?_preguntó
_No _mentí si
había escuchado tantas veces la historia de esa batalla, es más allí fue donde murió su padre; estaba
ansioso por saber más y descubrir quien era en verdad su padre.
<<Fue
una batalla mal iniciada, contábamos con tres mil hombres y a nuestras filas se
unieron los enanos que contaban con un ejercito no tan numeroso pero más
potente incluso, unos mil enanos engrosaron nuestras filas, su forma de luchar
me fascina; son fieros en la lucha pero no dejan a ningún compañero atrás
todo lo contrario que los elfos del Norte desmerecedores de cualquier
mérito de guerra, solicitamos su ayuda para esta gesta y recibimos un no por
respuesta, si se nos hubieran unido no habría pasado lo que pasó _su mirada se
entristeció no parecía que hubiese comentado muchas veces esa historia_ Éramos
unos cuatro mil hombres y nos enfrentábamos a unos seis mil rebeldes, Gigantes
y Sairons (caballeros doctos en las artes oscuras que manejan a las criaturas
del infierno, gigantes del infra-mundo, Salamandras de fuego…) En aquellos
momentos recé por mi vida. Muy pocos salieron con vida de aquella masacre, y
entre ellos yo>>
Después de
aquella historia nos quedamos en silencio durante largo rato, Edwen se quedó
mirando el baile que las llamas hacían en la chimenea y que proyectaban
extrañas sombras en la estancia, el crepitar parecía intentar llamar nuestra
atención.
La jarra de
cerveza estaba vacía, el no dormir en días le estaba pasando factura. Edwen
pensó en subir y tirarse en la cama pero Reik se dio cuenta de sus intenciones
y le llenó la jarra, con así que la charla continuase por lo menos hasta que
estuviese vacía.
Hablamos
durante horas, de todos los temas; política, mujeres, países extraños… La
Luna estaba muy alta en el cielo cuando nos interrumpió una
llamada a la puerta, a Reik los efectos del alcohol se le disiparon de
inmediato, empuñó su espada y se dirigió a la puerta.
El chirriar de
aceros oxidados y de madera envejecida indicó que la puerta estaba abierta tras
ella un misterioso ser con una larga capa oscura que le tapaba la cara y no
dejaba entrever ningún rasgo. Entonces el ser dio un paso adelante y las
lámparas de aceite que iluminaban la estancia junto a la chimenea descubrieron
el rostro que se encontraba tras aquel velo de oscuridad, los rasgos finos y
perfectos, la nariz en completa sincronía, y unos penetrantes ojos azules eléctricos que
parecían taladrar todo aquello que mirase les llevaban a una sola idea el ser misterioso
era un elfo, pero no uno cualquiera sus ojos delataban que provenía del Norte.
Edwen contempló la mirada cautelosa de Reik y midió sus pasos, sabía el odio
que tenía el viejo camarero hacia los Elfos del Norte.
_Mi nombre es
Sermess, hijo de Alyria y Nadyss, provengo de las Llanuras Altas, mucho más al
norte que cualquier lugar donde halláis estado los humanos _se presentó
confirmando mis sospechas.
_Y que hace un
miserable elfo del Norte en estas tierras _saltó Reik.
_Lamentablemente,
debido a la muerte _contestó.
_Ahhhh, la
muerte una odiosa compañía que quisisteis tener cuando los humanos y enanos
combatimos en el valle de Syrimus. Vuestra queridísima reina Seyra no nos dio la ayuda
necesaria y por ello aquello fue una masacre.
_Tu odio es
completamente entendible, pero los elfos somos cautos y no queríamos entrar en
una batalla perdida de antemano…
_ ¡¿Perdida?!
_interrumpió Reik_ lo único que fue perdido en esa guerra fueron las
vidas de mis compañeros _añadió.
_ Fue un gran
error, pero es tarde para enmendarlo, además nuestra reina Seyra murió a manos
de los rebeldes en un ataque sorpresa hace dos semanas _Reik bufó
sarcásticamente.
_Y ahora venís
a suplicarnos perdón y que os protejamos de nuevo.
_ Sólo quería
avisaros, los ejércitos rebeldes bajo los mandos de los Sairons han empezado la
conquista que hace sesenta años comenzaron y que fue estrepitosamente fallida
ha sido retomada, nuestra ciudad ha sido destruida junto a palacio, los
supervivientes del ataque hemos huido al Bosque del Lago Helado y nos hemos
refugiado, yo soy el mensajero _terminó tocándose el pecho confirmando lo que
decía.
_Nunca más os
ayudaremos _temía que Reik se abalanzase sobre el mensajero, tenía sus años
pero mantenía extraordinariamente bien su forma física.
_ Tu odio es
más intenso de lo que pensaba.
Desenvainó su
espada, pero el elfo era mucho mas rápido, apuntó con su daga a su garganta. En
menos de dos milésimas Reik había sido desarmado, el elfo les sonreía irónicamente.
Pero Reik no miraba las incitaciones del elfo, sólo tenía ojos para la daga,
tres centímetros más es su garganta y estaría muerto.
Edwen no podía
hacer nada.
“Si le ataco
lo matará pero si no hago nada por él también lo hará”_pensó Edwen.
_ Baja el arma
Sarmess _imperé su mirada se clavaba en aquellos ojos de hielo.
_ ¿Que me harás?
Si no hago lo que me ordenas _replicó su sonrisa se volvía más drástica y malévola.
_ Te mataré
_amenazó.
Retiró la daga
del cuello, suspiró pensando que aquello había terminado en palabras, pero el
elfo se dirigía hacia Edwen, no pudo hacer nada, le cogió de las ropas y le
levantó en el aire, no parecía que el elfo tendría tanta fuerza pero esa es
otra de sus características.
_ Se cuál es
el propósito de tu camino _a merced de sus manos no podía hacer más que
asentir_ Nunca, nunca amenaces a un elfo. ¡Nunca! _su gritó de rabia atravesó sus
oidos el elfo lo cogió como si fuese un muñeco de trapo y lo estampó contra la
pared.
Todo se quedó
oscuro.
“Me tengo que
mover _pensé, intenté mover las manos pero no pude_ sólo coger la llave, un
esfuerzo más y la conseguiría”
De repente
todo se volvió blanco, pensé que había muerto. Pero no, un sopló de aire
caliente recorrió su cuerpo por dentro, pasando por sus arterias, sus dedos, su
corazón.
Abrió los
ojos.
Estaba confuso
no sabía donde estaba, entonces recordó las últimas palabras del elfo y el
golpe, se quiso levantar pero un profundo dolor le recorrió la espalda. Se quedó
allí durante largo rato, no supo cuanto.
Se durmió.
Cuando se
despertó todo estaba oscuro entonces intuyó que la chimenea se había apagado. Amagó
levantarse, no le dolió la espalda. Se incorporó, la habitación estaba oscura,
en la chimenea unas inapreciables brasas todavía estaban calientes. Sus ojos rápidamente
se adaptaron a la oscuridad, notó un bulto en el suelo cerca de dónde se había
desmayado él, temeroso se acercó.
Estaba muerto.
Salió fuera,
no podía soportar la idea de que Reik hubiera muerto por su culpa, y menos
seguir mirando el rostro de terror de aquel desconfiado pero amable hombre, un
rostro con la marca de la muerte.
Se armó de
valor, entró cogió el cuerpo muerto de Reik y lo sacó fuera. Lo dejó escondido
bajó unos matorrales, ensilló su caballo y se marchó de aquel lugar, no miró
atrás en ningún momento, tenía miedo, se sentía ahora mucho más sólo, y sin un
lugar a donde ir.
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