viernes, 18 de mayo de 2012

Edwen Caminos



<<Galopó lo más rápido que pudo, como si así pudiese dejar atrás el pasado un pasado que le perseguía y hacía peligrar su propio futuro.>>

Paró a descansar a media tarde, no podía olvidar lo ocurrido, darle un descanso al caballo para que se recuperase de aquel trote era una buena escusa.
Seguía planteándose siempre la misma pregunta “¿Cómo puede ese elfo saber el objetivo de mi viaje?” Y lo más importante, ¿si es verdad que se este librando una guerra en el norte, entonces la historia se repite o esta vez caeremos para siempre bajo el poder de los Sairons?. No paraba de repetirse esas mismas preguntas mientras tiraba piedras pequeñas y hacia que rebotasen en la superficie de un pantanoso lago. Cuantas personas habían de morir por él en lo que le quedaba de camino.
Se quedó largo tiempo ensimismado en sus pensamientos, sólo la falta de luz le hizo volver a la realidad e indicarle que ya no había claridad para continuar su camino.
La tristeza invadió todas las partes de su cuerpo al recordar la jovialidad del viejo, sus ojos marcados por la guerra pero sinceros… Un odio intenso lo inundó por dentro, el viejo siempre había odiado a los elfos del norte y muere por manos de uno de ellos, ahora ese odio lo poseía, si encontraba al el elfo traidor Sermess lo mataría.
Encendió un fuego con un poco de yesca y dos piedras se tapó con la manta de viaje y se dispuso a dormir, sabía que no iba a cenar pero como mínimo estaría caliente aquella noche.
La claridad de la mañana lo despertó deberían de ser las seis, no había dormido mucho ni tampoco muy bien, pero había dormido lo suficiente como para recuperarse y continuar el arduo viaje al Este. Luminor se encontraba lejos en medio del bosque de Normess. En los mapas no está detallada su posición si quieres saber dónde habitan has de visitarlos tu mismo. Y eso es lo que Edwen va a hacer.
Ensilló a Crais recogió su manta y echó tierra en el fuego para que se apagase.
Estaba de nuevo en camino el galopar del caballo lo mecía como una madre a su bebé en su cuna. Su estomago rugía por la falta de su alimento. Pero su mente estaba concentrada en el camino y hacía caso omiso a los hambrientos mensajes de su estómago. Un haz de luz se colaba entre las tupidas copas de los árboles y le indicaban que llegaba al final del bosque. Una cálida esperanza le invadió. Al final de aquel sendero podría haber una posada en la cuál dormir descansar y comer sobretodo eso último. Arreó su caballo, con un resollar cansado Craiss galopó. El viento daba de lleno en su cara y Edwen creía que volaba.

Luz. Demasiada luz.

Había demasiada, sus ojos acostumbrados a la oscuridad del bosque se quejaban ahora por aquel repentino cambio de estado. Cerró los ojos y los volvió a abrir. Las montañas le rodeaba, un basta extensión de prado verde les separaban, a las faldas de la más grande había un diminuto pueblo, las ansias del hambre despertaron su curiosidad en aquel punto y cabalgó.
Se encontraba en las lindes del bosque de Erssen, diez kilómetros separaban el bosque de Erssen en todas direcciones a los reinos humanos, que rodeaban este bosque.
Edwen pensaba en dirigirse al poblado, aprovisionarse y descansar después Alfender era su destino. Era un reino pequeño en comparación con sus vecinos pero el más rico y poderoso gobernado por Hars El grande, así lo llamaban los aldeanos entonces.

Llegó al pueblo y los habitantes curiosos asomaron a sus balcones para satisfacer la curiosidad, los murmullos rompieron pronto el silencio de aquel lugar, un hombre vestido como si perteneciese a la corte del gran Rey, hacía un contraste notable en comparación a los campesinos. Una sonrisa forzada surcaba su cara y sus débiles piernas no parecían soportar la barriga, a cuál hacia peligrar los botones de la chaqueta, hacía su andar irregular. Me bajé del caballo en símbolo de respeto y la sonrisa de aquel hombre se ensanchó más.

_Buenos días caminante, _una aguda voz le dio la bienvenida, si no fuese porque vio cómo sus labios se movían a la par que el sonido no podía creerse que viniese de aquel hombre_ bienvenido a Nur, pueblo de los elfos de Erssen, le ofrecemos comida, bebida y un lugar dónde pasar la noche.
Un hombre cogió las riendas del caballo y se lo llevó a las caballerizas, según su entendimiento. El hombre le tendió una mano y se presentó, su nombre era Jomenerk, en respuesta hizo lo mismo e inmediatamente el regordete brazo lo dirigió a la casa más lujosa de todas.
Estaba hecha de madera negra, una madera cara y muy valorada por los comerciantes. Jomenerk abrió la puerta y le indicó que entrase. Edwen asintió, había oído hablar de la hospitalidad elfa, pero no era nada en comparación de la de estos aldeanos.
Se sentaron, uno enfrente del otro, la mesa los separaban y una gran chimenea coronaba la estancia.
_ ¿De dónde eres?_preguntó, Jomenerk. Al tiempo que una señora traía el té, supuso que sería la esposa de aquel hombre.
_De Lomder, en Carcuss _decía mientras cogía la taza de Té que le tendía aquella mujer, dio un pequeño sorbo con así disimular su hambre. Pero el rugir de su estómago lo delató.
_Vaya, venías con hambre _dijo el pícaro señor_ Azusne trae algo para comer a este amigo nuestro, ¿Qué te apetece?.
_Le doy gracias, pero preferiría no molestarle _su caballerosidad era más fuerte que el hambre en aquel momento, aunque gustosamente se habría comido dos grandes pollos y una buena ración de judías.
_Anda hombre, aquí pide lo que quieras que no pasa nada.
La mujer entraba en la habitación ahora con una gran bandeja, la dejó en la mesa y se retiró con un inaudible “Que aproveche”. La bandeja estaba repleta de pastas, dulces,  muslos de pollo, pan de todas las clases y una copa de vino.
Cogió el muslo y empezó a comer, masticaba ansiosamente como queriendo expresar cómo se sentía.
Cuando Edwen se sintió que no podía comer más. Le dirigió una mirada llena de gratitud a su anfitrión, bebió de aquel vino. Y se dispuso a hablar. Pero Jomenerk lo hizo antes.
_ ¿Te gustó la comida? _la pregunta fue repondida con el gesto afirmativo de Edwen _Bien, ahora tengo que haceros algunas preguntas por el bien de mi pueblo _hizo un pequeño silencio con la intención de que entendiese una a una sus palabras_ ¿Cuál es tu destino? ¿Por qué vienes a este pueblo? ¿De dónde vienes? Y ¿Qué propósitos tienes?
Ante tal cantidad de preguntas, Edwen no sabía por dónde empezar, eligió las palabras adecuadas y contestó aquella metralla de preguntas.
_Vengo de Lamder una ciudad al noroeste de Carcuss, vengo de atravesar un pequeño trecho del bosque de Erssen _añadió_ y voy en dirección de Elkia _mintió en esto último, no creía conveniente decirle aquel hospitalario hombre cual era el verdadero destino de su viaje.
_No has respondido a mi última pregunta.
_Negocios _zanjó.

Satisfecho con sus respuestas lo despidió cortésmente y le indicó dónde se hallaba su habitación. Fue hasta allí y una muy linda joven le abrió la puerta, fugazmente sus ojos se entrecruzaron pero ella retiró la mirada, y le enseñó su habitación. Le encantó la muchacha. Se tiro encima de la cama para probar como era, y se durmió.

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