<<Galopó lo más
rápido que pudo, como si así pudiese dejar atrás el pasado un pasado que le
perseguía y hacía peligrar su propio futuro.>>
Paró a
descansar a media tarde, no podía olvidar lo ocurrido, darle un descanso al
caballo para que se recuperase de aquel trote era una
buena escusa.
Seguía
planteándose siempre la misma pregunta “¿Cómo puede ese elfo saber el objetivo
de mi viaje?” Y lo más importante, ¿si es verdad que se este librando una
guerra en el norte, entonces la historia se repite o esta vez caeremos para
siempre bajo el poder de los Sairons?. No paraba de repetirse esas mismas
preguntas mientras tiraba piedras pequeñas y hacia que rebotasen en la
superficie de un pantanoso lago. Cuantas personas habían de morir por él en lo
que le quedaba de camino.
Se quedó largo
tiempo ensimismado en sus pensamientos, sólo la falta de luz le hizo volver a
la realidad e indicarle que ya no había claridad para continuar su camino.
La tristeza
invadió todas las partes de su cuerpo al recordar la jovialidad del viejo, sus
ojos marcados por la guerra pero sinceros… Un odio intenso lo inundó por
dentro, el viejo siempre había odiado a los elfos del norte y muere por manos
de uno de ellos, ahora ese odio lo poseía, si encontraba al el elfo traidor
Sermess lo mataría.
Encendió un
fuego con un poco de yesca y dos piedras se tapó con
la manta de viaje y se dispuso a dormir, sabía que no iba a cenar pero como
mínimo estaría caliente aquella noche.
La claridad de
la mañana lo despertó deberían de ser las seis, no había dormido mucho ni
tampoco muy bien, pero había dormido lo suficiente como para recuperarse y
continuar el arduo viaje al Este. Luminor se encontraba lejos en medio del
bosque de Normess. En los mapas no está detallada su posición si quieres saber dónde
habitan has de visitarlos tu mismo. Y eso es lo que Edwen va a hacer.
Ensilló a
Crais recogió su manta y echó tierra en el fuego para que se apagase.
Estaba de
nuevo en camino el galopar del caballo lo mecía como una madre a su bebé en su
cuna. Su estomago rugía por la falta de su alimento. Pero su mente estaba
concentrada en el camino y hacía caso omiso a los hambrientos mensajes de su
estómago. Un haz de luz se colaba entre las tupidas copas de los árboles y le
indicaban que llegaba al final del bosque. Una cálida esperanza le invadió. Al
final de aquel sendero podría haber una posada en la cuál dormir descansar y
comer sobretodo eso último. Arreó su caballo, con un resollar cansado Craiss
galopó. El viento daba de lleno en su cara y Edwen creía que volaba.
Luz. Demasiada luz.
Había
demasiada, sus ojos acostumbrados a la oscuridad del bosque se quejaban ahora
por aquel repentino cambio de estado. Cerró los ojos y los volvió a abrir. Las
montañas le rodeaba, un basta extensión de prado verde les separaban, a las
faldas de la más grande había un diminuto pueblo, las ansias del hambre
despertaron su curiosidad en aquel punto y cabalgó.
Se encontraba
en las lindes del bosque de Erssen, diez kilómetros separaban el bosque de
Erssen en todas direcciones a los reinos humanos, que rodeaban este bosque.
Edwen pensaba
en dirigirse al poblado, aprovisionarse y descansar después Alfender era su
destino. Era un reino pequeño en comparación con sus vecinos pero el más rico y
poderoso gobernado por Hars El grande, así lo llamaban los aldeanos entonces.
Llegó al
pueblo y los habitantes curiosos asomaron a sus balcones para satisfacer la
curiosidad, los murmullos rompieron pronto el silencio de aquel lugar, un
hombre vestido como si perteneciese a la corte del gran Rey, hacía un contraste
notable en comparación a los campesinos. Una sonrisa forzada surcaba su cara y
sus débiles piernas no parecían soportar la barriga, a cuál hacia peligrar los
botones de la chaqueta, hacía su andar irregular. Me bajé del caballo en símbolo
de respeto y la sonrisa de aquel hombre se ensanchó más.
_Buenos días
caminante, _una aguda voz le dio la bienvenida, si no fuese porque vio cómo sus
labios se movían a la par que el sonido no podía creerse que viniese de aquel
hombre_ bienvenido a Nur, pueblo de los elfos de Erssen, le ofrecemos comida,
bebida y un lugar dónde pasar la noche.
Un hombre cogió
las riendas del caballo y se lo llevó a las caballerizas, según su
entendimiento. El hombre le tendió una mano y se presentó, su nombre era
Jomenerk, en respuesta hizo lo mismo e inmediatamente el regordete brazo lo
dirigió a la casa más lujosa de todas.
Estaba hecha
de madera negra, una madera cara y muy valorada por los comerciantes. Jomenerk
abrió la puerta y le indicó que entrase. Edwen asintió, había oído hablar de la
hospitalidad elfa, pero no era nada en comparación de la de estos aldeanos.
Se sentaron,
uno enfrente del otro, la mesa los separaban y una gran chimenea coronaba la
estancia.
_ ¿De dónde
eres?_preguntó, Jomenerk. Al tiempo que una señora traía el té, supuso que sería
la esposa de aquel hombre.
_De Lomder, en
Carcuss _decía mientras cogía la taza de Té que le tendía aquella mujer, dio un
pequeño sorbo con así disimular su hambre. Pero el rugir de su estómago lo
delató.
_Vaya, venías
con hambre _dijo el pícaro señor_ Azusne trae algo para comer a este amigo
nuestro, ¿Qué te apetece?.
_Le doy
gracias, pero preferiría no molestarle _su caballerosidad era más fuerte que el
hambre en aquel momento, aunque gustosamente se habría comido dos grandes
pollos y una buena ración de judías.
_Anda hombre,
aquí pide lo que quieras que no pasa nada.
La mujer
entraba en la habitación ahora con una gran bandeja, la dejó en la mesa y se
retiró con un inaudible “Que aproveche”. La bandeja estaba repleta de pastas,
dulces, muslos de pollo, pan de todas
las clases y una copa de vino.
Cogió el muslo
y empezó a comer, masticaba ansiosamente como queriendo expresar cómo se sentía.
Cuando Edwen
se sintió que no podía comer más. Le dirigió una mirada llena de gratitud a su
anfitrión, bebió de aquel vino. Y se dispuso a hablar. Pero Jomenerk lo hizo
antes.
_ ¿Te gustó la
comida? _la pregunta fue repondida con el gesto afirmativo de Edwen _Bien,
ahora tengo que haceros algunas preguntas por el bien de mi pueblo _hizo un pequeño
silencio con la intención de que entendiese una a una sus palabras_ ¿Cuál es tu
destino? ¿Por qué vienes a este pueblo? ¿De dónde vienes? Y ¿Qué propósitos
tienes?
Ante tal
cantidad de preguntas, Edwen no sabía por dónde empezar, eligió las palabras
adecuadas y contestó aquella metralla de preguntas.
_Vengo de
Lamder una ciudad al noroeste de Carcuss, vengo de atravesar un pequeño trecho
del bosque de Erssen _añadió_ y voy en dirección de Elkia _mintió en esto último,
no creía conveniente decirle aquel hospitalario hombre cual era el verdadero
destino de su viaje.
_No has
respondido a mi última pregunta.
_Negocios
_zanjó.
Satisfecho con
sus respuestas lo despidió cortésmente y le indicó dónde se hallaba su habitación.
Fue hasta allí y una muy linda joven le abrió la puerta, fugazmente sus ojos se
entrecruzaron pero ella retiró la mirada, y le enseñó su habitación. Le encantó
la muchacha. Se tiro encima de la cama para probar como era, y se durmió.
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